LA PAZ SEA CONTIGO

Qué buen saludo. Su origen se pierde en los abismos del tiempo y los confines del Próximo Oriente, que tanto ha influido en nuestra cultura.

La paz como atributo divino apenas es posible alcanzarla en nuestra experiencia humana, pero sí una serenidad de fondo más allá de las cambiantes circunstancias de la vida. Para ello se requiere alguna forma de fe, un refugio sutil ante la adversidad, la inseguridad o la angustia existencial.

Pero hay una forma de paz más asequible, cuando sabes que estás donde debes estar y haciendo lo que tienes qué hacer. Claro está que para ello es necesario amar la verdad, ser honesto con uno mismo y sentirse libre. 

Así mismo, se puede evitar la inquietud cuidando la información, el alimento mental que recibimos, en calidad y cantidad. Las diversiones y distracciones acaban por estragar la mente, en cambio la Naturaleza, el ejercicio físico no violento, incluso las actividades más básicas, son muy saludables. Necesitamos desesperadamente nuestro espacio de soledad, quietud y silencio, aunque poca gente lo aprecia. Ojo con el móvil.

Es muy común confundir la paz con la seguridad, hasta el punto de sacrificarlo todo a la mayor entelequia del mundo, porque la seguridad, sencillamente, no existe. 

Esta es la última entrada de la serie VALORES. Concluye con un poema:


En el campo, sentada en una roca

soy un druida

una reina

una diosa del monte

Soy feliz, me asombro

¡no encuentro mis pesares!

En mi pilar comprendo

los secretos del cosmos

Y contemplo

a mis hermanos salvajes

en paz conmigo

en paz contigo

en paz con todo.






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