“El mal es un Bien imperfecto ” Esto no lo escribió ningún hereje, sino el pseudo Dionisio Areopagita (Los Nombres de Dios, C. 4), místico y filósofo neoplatónico de los siglos V y VI d. C, más o menos reconocido por el cristianismo. La mayúscula del Bien y la minúscula del mal figuran así en el texto griego original, que no tiene desperdicio. Es penoso que después de conocerse un escrito como este aún haya tantos teólogos que se empeñan en creer en el mal como principio absoluto. De ahí a forjarse un Príncipe del Mal con talla para oponerse al Gran Espíritu hay poco trecho. Este gran diablo se basa principalmente en el satán del Libro de Job (1-2), que en hebreo significa el fiscal o el adversario, un personaje difuso que se cuela subrepticiamente en la corte celestial. Su personificación rotunda se remonta a los primeros autores cristianos, hacia el sigo II d. C. Es posible, sin embargo, que existan genios del submundo, pero no hay razón para temerlos, bas...
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