"Por toda la hermosura
nunca yo me perderé
sino por un no sé qué
que se alcanza por ventura"
Así entendía san Juan de la Cruz la verdadera belleza, que es interior. Es un regalo del Gran Espíritu, porque hasta el más vil de los humanos es sensible a la verdadera belleza, así conecta con su propia belleza interior, aunque sólo sea por un instante.
La belleza de la Naturaleza, de la obra de arte, de las personas... la percibimos, así mismo, desde la nuestra. Qué decir de la Música, que penetra en el alma sin previo aviso, porque su belleza es plenamente espiritual. Es cierto que es fácil dejarse engañar por falsas bellezas, pero el engaño no durará mucho, salvo que uno sea esclavo de sus ansias o huya del vacío existencial. Quién conoce la belleza nunca se aburre, el vacío le llena.
Confundir la belleza con la perfección tiene unas consecuencias desastrosas, porque impide apreciar la verdadera belleza y acaba por resecar el alma.
Ahora mi frase:
Pensar que la belleza puede justificarlo todo es un fundamentalismo estético. Pensar que la verdad puede prescindir de la belleza es un fundamentalismo ético.
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