HADO, DESTINO, SINO I: Desde la Ciencia

 

La palabra “destino” en la primera acepción del diccionario de la RAE se define como “hado, fuerza desconocida”. La segunda es más racionalista: “encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal”, o sea, que sigue actuando alguna fuerza desconocida. Introducir la cuestión de la necesidad apunta a un fin, al sentido del destino, probablemente a Dios.  Hado, destino y sino se consideran sinónimos en primera instancia, sin embargo, el sino, el signo, escapa a estas definiciones por la puerta grande, porque una señal no es lo mismo que una condena, y menos definitiva.

 

La creencia en un destino cerrado e inexorable viene siendo desde los tiempos más remotos una forma de consolarse (???) ante la adversidad, más bien de auto justificarse.  Bueno es aceptar que lo que tiene que pasar, pasa, pero pensar que está dictado de antemano es cerrar la mente a la propia responsabilidad sobre nuestra vida y la de otros. La Física cuántica y relativista ha puesto en solfa la idea de que el Universo funciona como un mero juego de carambolas, partículas y cuerpos son también ondas, es más cuestión de probabilidades que de certezas. La mente del experimentador influye físicamente en el resultado del experimento, porque las ondas-partículas se comportan de forma distinta si son observadas antes o después de sus impactos. Las interacciones abarcan todo el Universo, algunas a la máxima distancia. El encadenamiento de sucesos a que se refiere la RAE es cosa del pasado, no del futuro, todo depende del presente, del continuo y huidizo presente.

 

El juego del azar y la necesidad en la supervivencia de los seres vivos implica un mayor condicionamiento, que va siendo menos rígido según se avanza en la escala evolutiva.  La genética no lo es todo, y tampoco es tan estricta como se cree popularmente, porque las leyes que regulan la expresión genética son extremadamente complejas y no bien conocidas aún. Sólo recientemente han empezado a investigarse los aspectos cuánticos de la Biología. El aprendizaje tiene un papel muy importante en la supervivencia de los animales superiores, no digamos en el ser humano.

 

La Naturaleza no se encorseta, sus leyes, desde las cuatro fuerzas fundamentales hasta los hemisferios del cerebro, actúan de forma sincrónica en pos de un equilibrio cósmico muy dinámico y versátil, un orden que no desdeña servirse del caos ni del azar ¿Cabe mayor libertad? “Contraria sunt complementaria” es el lema que escogió Niels Bohr, padre del modelo atómico, cuando el rey de Dinamarca le nombró Caballero de la Orden del Elefante. Había vuelto muy impresionado de un viaje a China.

 

En último término topamos con la psicología humana. Son ciertamente fuertes los condicionantes de la infancia, los del entorno familiar y social en general, la cultura en la que uno se desarrolla. Salvo patologías que afectan al psiquismo, son más fuertes aún que la Genética. Se nace con un temperamento ligado a la propia fisiología, pero el carácter se forma con el modo de asimilar las experiencias significativas. Las que se almacenan en la memoria de forma inconsciente asociadas a emociones se manifiestan con señales (signos) indirectas. Son las significativas las que más nos interesan, sobre todo si las emociones asociadas son negativas o contrarias a la salud. El niño apenas tiene capacidad para integrar experiencias conscientemente, el adolescente, no mucha, pero el adulto tiene capacidad de sobra, aunque nadie dijo que fuera fácil.

 

La mente humana es como la computadora de 2001, una Odisea del Espacio, todo lo transforma en ideas entrelazadas con emociones y con otras ideas que no cesan de surgir en medio de un océano de informaciones, puede incluso construir una personalidad ad hoc (el falso yo). Su problema no es tanto los condicionantes como su desbordante actividad y capacidad de almacenamiento, que puede acabar volviendo loca a la computadora. La cuestión es que, a diferencia del protagonista de 2001, nosotros no podemos ni debemos apagarla definitivamente, sino que tenemos que aprender a manejarla. Cuando nos comprometemos con esta perentoria necesidad se inicia una investigación para comprendernos a nosotros mismos, que es condición indispensable para comprender a fondo cualquier otra cosa. Una vez liberados de las trabas psicológicas, la mente, con todo su potencial, se convierte en una gran aliada.

 

Hasta aquí lo que dice la Ciencia. Próximamente: HADO, DESTINO, SINO II: Desde la Espiritualidad.

 

 

 

 

 

 


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