HADO, DESTINO, SINO II: Desde la Espiritualidad

 

 

A Einstein, que era un gran creyente, no le gustaba nada que Dios jugara a los dados, como él decía, pero el hecho es que juega, porque el sentido del humor es un atributo del Gran Espíritu. Como siempre gana… El azar es una de sus bazas para realizar milagros discretos. En realidad, la espiritualidad no necesita un Universo que la justifique, sino que es ella la que justifica un Universo (o más). Sus leyes, su información, la Suprema Inteligencia que subyace en el funcionamiento de la Naturaleza, es condición previa para todo lo demás, incluido el azar. Ahí llevaba razón Einstein.

 

Contamos, por tanto, con una dimensión más allá de lo material, incluso de lo físico o energético, una dimensión causal que es la que da sentido a cuanto existe. El ámbito de la mente es también inmaterial y, hasta cierto punto, causal, pertenece a la dimensión abstracta de la información. Los circuitos neuronales son el hardware, la mente es el software. La conciencia, en su acepción más profunda, el nous griego, está más allá del cerebro y de la mente. Se pueden fabricar circuitos afines a las conexiones neuronales, como los ordenadores, pero ¿quién es capaz de dotarlos de una verdadera conciencia propia? La conciencia es de QUIÉN percibe, no del circuito. Si los objetos tienen alguna forma de conciencia, cosa que es muy posible. no somos los humanos los que se la han dado, sino el Gran Espíritu, que penetra en cuanto existe.

 

La percepción de la dimensión espiritual es una experiencia basada en una intuición previa a cualquier proceso mental. Su certeza es incuestionable para quien vive esa experiencia, que implica una iniciación o conversión. Esa es la verdadera fe, muy distinta de la adquirida por inculturación, que a menudo acaba perdiéndose. Cuando se conecta con la dimensión espiritual la mente es utilizada como una lente que refleja la realidad sin distorsionarla, y que, por tanto, es capaz de tomar las decisiones más adecuadas a la realidad. Obviamente, la percepción será más o menos clara dependiendo de lo limpia que esté la lente, es decir, de lo libre que esté la mente de prejuicios y emociones confusas. Por eso, la atención, en principio, ha de dirigirse especialmente a los propios condicionantes, observando las señales que envía el Universo y aceptando la responsabilidad de cuanto nos ocurre. Quién reconoce de Quién y por dónde vienen los tiros se convierte en dueño de su propio destino.

 

¿Por qué unos alcanzan este nivel de conciencia y otros muchos no? Es una cuestión de valores y de integridad. El Gran Espíritu elige a quienes buscan el verdadero amor (nada de apaños), a los que aman incondicionalmente la verdad, a los que viven su libertad sin venderse a supuestas bicocas o seguridades: he ahí el sino, el signo del espiritual. Estas tres actitudes son indispensables y suficientes en sí mismas, pero el Gran Espíritu aprecia también el sentido de la belleza (un afinamiento del gusto que va más allá de la estética) y el sentido del humor, porque disfruta mucho con nosotros. La paz es cosa suya, pero bueno es poner de nuestra parte con hábitos y prácticas que la propicien.

 

Decíamos que es indispensable aprender a manejar la mente. Difícilmente se conseguirá sin algún tipo de práctica espiritual, las más efectivas se basan en algún ejercicio físico de carácter contemplativo, sobre todo si van seguidas de contemplaciones propiamente dichas (Yoga, Zen…). Contactar, al menos, con la Naturaleza, pasear en solitario, a pie, sin correr, sin hablar, observando, escuchando los sonidos naturales… sentarse… seguir caminando... puede ser también una práctica espiritual, siempre que se realice con regularidad.

 

Contemple, joven, contemple.

Comentarios

  1. He madrugado, ahora leyendo a mi profe d yoga Katia q tiene un blog!
    Buscando consuelo a mi melancolía por estas fechas familiares de Diciembre, echando tanto de menos a mis seres queridos, sabiendo q mi mirada marca mis pasos, queriendo lo bueno siempre!
    Siempre afortunada por mi cruce de camino con Katia, porque me hace pensar, soñar, reír, sentir.
    Domingo maravilloso tranquilo y sereno

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