LA RECTITUD
¿Qué es la rectitud? La sociedad,
la ley, la cultura…el mundo, en suma, proporcionan principios éticos y normas
que sirven para la convivencia y las mejoras sociales. Sin embargo, no siempre
valen para la vida personal, se puede ser un buen ciudadano y a la vez enfocar
las propias situaciones de cualquier manera. La auténtica rectitud se basa en
el amor y en la verdad, es un deseo de acertar con la actitud adecuada ante
cualquier situación más allá de las conveniencias. o los impulsos del falso yo.
La rectitud es, por tanto, una
actitud de fondo. Va acompañada de veracidad, de equidad y de honestidad, ante
uno mismo y ante el otro. La persona recta es noble, no alberga segundas
intenciones ni se apoya en medias verdades. Saber en cada caso qué es lo recto
requiere mucha atención y no poco trabajo interior, pero de no tener ya, de
entrada, una orientación hacia la rectitud, el despiste será total. Y no da lo
mismo, porque la falta de rectitud es una fuente inagotable de desdichas. Para
empezar, sin rectitud no es posible el desarrollo humano (las situaciones
falsas lo impiden directamente).
La falta de rectitud da lugar a
condiciones de vida insostenibles que generan un gran desequilibrio y un gran
malestar, pero a menudo la persona intenta salir por la puerta falsa. El
autoengaño puede propinar alguna tregua, pero el malestar volverá, con aumento.
Una amarga sensación de impotencia y una probable somatización serán la
consecuencia, que el hospital no resolverá, porque el mal está arraigado en la
mente inferior, que interfiere con señales disfuncionales en el organismo.
La falta de rectitud es
consecuencia de un mal ejemplo, o ninguno, en la infancia. De nada sirven los
discursos moralistas si el niño o la niña no dispone de un modelo convincente
que le oriente en la vida. Domar no es educar. Claro está que malamente podrá
dar ese ejemplo quién tampoco tiene rectitud, así que la responsabilidad recae
inexorablemente en cada uno de nosotros. Lo cierto es que la persona incorrecta
es víctima de una gran desorientación, una desmotivación que le induce una
indiferencia dulzona ante la vida hasta caer en alguna forma de inercia. Corre
el riesgo de una desintegración de la personalidad, un terreno abonado para el
falso yo, que es muy hábil en producir y manipular personajes. No tener
rectitud es como andar por la vida con un solo ojo o un solo zapato,
Alcanzar la Integridad, formar el
carácter, requiere siempre un esfuerzo de consciencia, por auspicioso que haya
sido el ejemplo. Nacemos con ciertas tendencias que son más o menos
desequilibradas, aunque bien manejadas son las idóneas para nuestro proceso.
Luego viene el entorno en que crecemos, que suele ser aún más desequilibrado,
lo que impulsará al niño o la niña a desarrollar alguna estrategia de auto
protección. Estas protecciones son necesarias o inevitables en la infancia,
pero constituyen una férrea armadura que bloquea el desarrollo de la vida
adulta. Los niños pequeños no tienen rectitud, empiezan a enterderla o a
desviarse hacia los seis o siete años.
La cuestión es que las actitudes
adquiridas en la infancia están alojadas en el inconsciente asociadas a ciertas
emociones (el falso yo), que ante el estímulo adecuado desencadenan
automáticamente la respuesta infantil. El primer trabajo del adulto consiste en
observarlo y reflexionar sobre ello, a fin de ser consciente de sí mismo, que
es condición sine qua non para tener rectitud. Y no faltarán
experiencias que propicien el autoconocimiento, porque desde el inconsciente
mismo atraemos lo que necesitamos para evolucionar.
Rectitud no es rigidez, sino todo
lo contrario, porque implica el seguimiento de lo que pide cada situación. Sin
embargo, requiere una referencia vertical, asociada a la postura erguida: “Dime
cómo colocas tu columna y te diré quién eres”. Incluso con una columna
vertebral problemática o una malformación se puede conseguir una rectitud
virtual, energética, si se trabaja en ello. En tal caso desaparecerán o se
minimizarán las molestias, aunque el defecto siga apareciendo en las
radiografías. Una práctica física y contemplativa a la vez, como las técnicas
orientales, propiciará tanto el proceso interior como el físico.
La columna vertebral tiene una
serie de curvas que responden a la condición bípeda, la de los pies en la
Tierra y la cabeza en el Cielo. Sin embargo, su posición básica se rige por el
eje vertical a lo largo de la línea de gravedad desde cierto punto de la
coronilla (el bindu del Yoga) al sacro-coxis (muladhara, el
centro energético de la base del tronco). El cerebelo o “pequeño cerebro” es la
parte del encéfalo que integra las vías nerviosas en relación con la postura y
los movimientos, especialmente los de la columna vertebral, que es su principal
referencia. Es bastante primitivo en comparación con el cerebro propiamente
dicho, pero tuvo que evolucionar bajo su dirección para alcanzar el bipedismo
humano.
¿Cuál es la clave para conseguir
o recobrar la rectitud? Una fuerte motivación, como el amor o la búsqueda
espiritual. La salud física es buena inductora, más aún la salud mental, pero
la verdadera rectitud está más allá de los intereses básicos: la motivación ha
de salir del alma.
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